Un a de las formas más absolutas de rechazo es el desprecio, sin posibilidad de término medio; aquel desfavorecido que se cruza en tus estimas y se hunde en un remolino de aborrecimiento y rechazo, es un condenado a los fuegos infinitos del reino de la repulsión personal. Gracias a Dios los escogidos son pocos, muy selecta minoría, que insatisfactoriamente caen en el pozo de la antipatía radical. He aquí la que fue mi situación en un país lejano, parece un cuento de abuela, de gente extraña aficionada a los placeres tan comunes como la intoxicación alcohólica y la posesión musical. Y sin embargo mi inflamación empática, por no llamarla artritis emotiva, va dirigida a alguien que relativamente está más cerca de mi cultura madre que esos pálidos antepasados de hadas y gnomos de ojos mar acielado. Un ser taimado y mendaz, falsamente atrincherado en una apertura de mente ausente, de usar y tirar, tirano escondido en un cuerpo minúsculo, encarnación mundana de la rapacidad ignorante. Atento a su jerarquía doméstica, demuestra un total dominio de las artes, sublimadas al infinito entre los sin alma, impositivas, escenificando una obra de trampa malintencionada, jugando con el mundo simbólico de lo casero, tan apegado a lo que es como a su propia piel de impostor, de espía avezado en la intriga y la mentira, las dobles verdades con valor de traición, el dejar entrever algo para dotar de sustancia a lo que en realidad es vacío y nada. Corazón podrido, mente doblada, honor partido, confianza violada. Mi ex compañero de casa. Gracias a ese Dios misericorde, yo me he librado ya, él, pero, está condenado a su ser alimaña, encerrado en una existencia única, y no hay más, agradecido me siento entonces. Contento y liberado, mi pena espira, la suya apenas se retira.
domingo, 24 de octubre de 2010
sábado, 2 de octubre de 2010
Things to do in Dublin when you are waiting for the bus:
Para empezar leer un libro, a poder ser de trigonometría y prosopopedia para destacar entre la multitud de soñolientos perdedores, todos como yo que espero una máquina que engulle personas y respira monedas a primera hora de un lluvioso y maravilloso lunes; escuchar la radio, en céltico, una boca rocosa expeliendo pequeños trozos de onomatopeyas, en el fondo sé que van a dar a algún significado remoto escondido tras una colina, que por supuesto los irlandeses llamarán montaña, humildes ellos, eso sí clarividencia sólo comprensible para los antiguos druidas y el último borracho que queda en la calle, entonando, en mi cara, con voz de falsete desentrenada y fondona, el equivalente al "Miña Terra Galega" (The Irish Exile); patearte de parte a parte, costa a costa (de mis piernas, por supuesto), calle arriba calle abajo (misma calle diferente nombre, por supuesto), atravesando cortina de lluvia, descubriendo sol, cerrando paraguas, redescubriendo lluvia, perdiendo sol, abriendo paraguas (bucle infinito) mientras te sobrepasan legión de autobuses, sonrisa satisfecha del conductor incluida, todos de la misma línea, la "Out of Order", primerísimo origen y destino de la flota, que ni la invencible, metropolitana irlandesa, traducción en gaélico "Lasmuigh den Ordú" (o eso creo), traducción en español, adivina, "suputísimamadre"; llamar por teléfono a mi operador, O2, vamos, telefónica de toda la vida, pagándole por el mismo servicio en dos países diferentes, tarifas abusivas, recargos distintos de una misma llamada, soportando, porque sí, hay que ser fiel con uno mismo, mismo robo, qué hay que enterarse de por qué tus mensajes se envían por duplicado, por qué mi factura está hinchada con llamadas fantasma, por qué me cobran por el envío de publicidad interactiva que se activa a voluntad asociativa (concretamente de su sociedad de estafa generalizada), y por qué el señor David Arculus y el señor César Alierta son tan grandísimos "atupedsojih" (palabra que forma parte de mi lenguaje secreto inventado, y seguro eficadísimo en contra de demandas "tocapelotas", esta no me la he inventado yo), en inglés desganado por supuesto, para eso a los auxiliares y operadores (que qué operan, pues el cerebro de los clientes a base de soltar tarifas sin ton ni son) telefónicos ganan un sueldo misero para la esclavitud legitimada por el primo y el sobrino de Botín, ¿que qué pinta Botín en mi blog? Es por si a algún imbécil se le había ocurrido pagarme por escribir esta porquería, ¡a qué ahora no hay huevos!
Y sigo esperando el bus, su-pu-ta-ma-dre.
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